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Con los estadios para los IX Juegos Sudamericanos de Medellín, Felipe Mesa reafirma su idea de la profesión como agente del cambio social.
Rosario Betti. Especial para Clarín
Felipe Mesa pertenece a esa joven generación de arquitectos colombianos que realmente cree en lo que está haciendo y, además, lo disfruta. Sabe que Medellín –su ciudad natal y sede de su estudio, Plan: b– está cambiando saludablemente su perfil y que, como resultado de políticas inteligentes que incluyen a la arquitectura y al diseño del espacio urbano, se están corrigiendo problemas sociales de larga data. También sabe que, en alguna medida, sus trabajos han sido cómplices de este proceso sin duda ejemplar.Sus ideas y sus proyectos arquitectónicos –incluidos los nuevos escenarios deportivos para los IX Juegos Sudamericanos, que realizó con Giancarlo Mazzanti, autor de la Biblioteca Parque España– fueron protagonistas de la conferencia que recientemente ofreció en la Universidad de Palermo. Y tambiérn sobre ellos se explayó en la enrtrevista con ARQ.
–¿Inscribirías tu obra en alguna tendencia arquitectónica?
–En principio quiero sacarle el cuerpo a las categorizaciones formales estrictas o a la palabra estilo; creo que ese concepto se ha vuelto caduco y ya no es operativo. Mi posición está ligada a la de un grupo de arquitectos que entiende que la arquitectura es reflexiva y pura acción de manera simultánea. Creo que la arquitectura es un problema unitario en la medida en que implica reflexiones muy concretas, operativas y materiales a la par que otras, conceptuales, teóricas y hasta sociales; no creo que estas cuestiones se puedan separar. Mi perfil es el de un arquitecto colombiano en proceso, que prefiere una arquitectura necesaria antes que una excesiva o suntuaria, y que se localiza en el contexto latinoamericano. Entiendo esto como un posicionamiento frente a la disciplina.
–¿Cómo ves el panorama arquitectónico de Colombia en relación al contexto internacional?
–Colombia es un país muy estigmatizado, muy separado y aislado de todo: de turismo, de relaciones, de políticas con los vecinos, y esto se ha dado por la situación de violencia ligada al narcotráfico. Pero también tiene todo lo otro, como cualquier país. Y una producción alta en muchos campos. En medicina se ha trabajado bastante y muy bien, y en arquitectura, al menos creo yo y con modestia, también.
Colombia tiene un buen desarrollo de arquitectura moderna hasta las décadas de 1950 y 1960, y también tiene una tradición importante de una arquitectura un poco más crítica de la modernidad que es la que ha liderado Rogelio Salmona, y que se encuentra principalmente en Bogotá. En estos momentos se desarrolla una arquitectura, sobre todo en Medellín y Bogotá, que tiene un frente más amplio, diríamos que mira al planeta Tierra y disfruta de las conexiones que hoy se pueden hacer, que no solamente se basan en Internet sino también en los vínculos con las economías generales, que disfruta del contacto con otros lugares, y de la plenitud de este país que funciona un poquito mejor que antes. Es que en los últimos diez años, y aun cuando las redes del narcotráfico persisten, Colombia ha logrado reubicarse como un país con condiciones similares a las de cualquier otro de Latinoamérica. Hoy podemos hablar de una mayor diversidad en las propuestas arquitectónicas colombianas: en Bogotá, por ejemplo, se desarrollan varias tendencias que se centran en lo que llamamos “el oficio”, la práctica, el material.
–¿Y en Medellín?
–En Medellín –y si pienso en mi generación que está representada por seis o siete estudios, más o menos– se están desarrollando unas corrientes de pensamiento que dan tanta importancia a los materiales y a las tecnologías como a las situaciones concretas, a los fenómenos, a los intercambios que esa materialidad permite … Yo creo que la arquitectura no es tanto un hecho constructivo o tectónico, también es un hecho relacional, incluso afectivo.
–¿Qué aspectos o variables merecen, a tu entender, asumir protagonismo o ser jerarquizados?
–Me gusta pensar el proyecto de arquitectura como una opción abierta, como un pacto o un acuerdo momentáneo, imperfecto, contradictorio. Cada proyecto es como un vórtice; tiene en cuenta distintas fuerzas –no creo en las exclusiones o el tabula rasa– y es accionado temporalmente por fenómenos transitorios. En esos términos, las condiciones particulares de un proyecto son las que perfilan y definen sus jerarquías y relaciones.
–¿Cómo se aplican esas condiciones en los estadios para los IX Juegos Sudamericanos?
–El proyecto de los estadios fue imaginado casi como una nueva configuración geográfica –o una nueva topografía– del Valle de Aburrá. De hecho, si lo miramos de lejos o desde lo alto, se presenta como una imagen geográfica abstracta y a la vez festiva. Uno de los protagonistas es la gran cubierta, que se resuelve a través de unas extensas franjas de relieve que son perpendiculares al sentido principal del posicionamiento de los edificios, y que permiten una relación espacial continua entre el espacio público exterior y los coliseos –los estadios–.
Es decir, los cuatro estadios funcionan de manera independiente, pero desde el punto de vista urbano y espacial se comportan como un gran continente edificado con espacios públicos abiertos –cuatro nuevas plazas triangulares que enriquecen el espacio urbano y además permiten el intercambio social y deportivo–, espacios públicos semi-cubiertos –esas pérgolas urbanas que son definidas por las prolongaciones de las franjas de la cubierta– e interiores deportivos. El resultado es que cada uno de los cuatro estadios puede entenderse como un edificio independiente, relacionado urbanamente con los demás y, de manera simultánea, los cuatro conforman un gran lugar que incluye tanto las edificaciones como el espacio público. Para evitar monumentalismos, se hunden levemente las zonas de competencia con respecto al nivel urbano.
–Hablaste de la “experiencia afectiva” como algo necesario a la arquitectura ¿Qué pasó en el proyecto de los estadios?
–Una manera de acercarse a lo afectivo es pensar qué comunidades van a usar el edificio y cómo lo van a usar; favorecer comportamientos en los se plantee el intercambio emocional. Es decir, la arquitectura trabaja con hechos cotidianos, con las relaciones afectivas de las comunidades humanas y biológicas, no con cuestiones abstractas.
En los escenarios deportivos
–un proyecto que entiendo muy cercano al Orquideorama de Medellín por su estrategia general– hay un patrón geométrico, técnico y relacional, que está dado por la franja de las cubiertas y que permite que la ciudad atraviese los edificios de un lado al otro y que favorece la creación de espacios públicos semi-cubiertos (en Medellín las temperaturas son altas y las lluvias pueden ser torrenciales). Todo esto genera un esquema relacional, espacial y tectónico que se puede construir rápido, que cubre tanto las actividades deportivas como los espacios exteriores, que te va conectando pero que permite ser atravesado, que te ofrece opciones y que es flexible en su crecimiento.
Un proyecto bien orgánico …
–Yo prefiero llamarlo “abierto”: un proyecto que promueve distintas actividades y distintos comportamientos sociales, que puede crecer y adoptar nuevas configuraciones, que puede absorber más áreas de la ciudad … es decir, que no está concentrado en el control formal de una caja sino en sus posibilidades de transformación.
–En otro orden ¿Con qué tecnologías están trabajando?
–Cada caso reclama una tecnología particular; no nos interesa comprometernos con una sola y asociar nuestra arquitectura a una imagen material. Para la estructura de la cubierta de los estadios se usaron cerchas metálicas livianas unidas de nuevo por cerchas metálicas más pequeñas, modulares, repetitivas, y fácilmente industrializables.
–Uno de los grandes problemas de Buenos Aires hace a la función social de los espacios públicos, tema que ha sido encarado con éxito en Medellín.
¿Qué estrategias y acciones se implementaron?
–Creo que es importante señalar que el proceso de transformación de Medellín comenzó aun antes de la llegada al poder político de (Sergio) Fajardo (responsable del llamado “Plan Fajardo”). Fue el alcalde Luis Pérez quien introdujo el primer metrocable y logró conectar lugares hasta ese entonces aislados. Luego, sí, el gran impulsor fue Fajardo, un político independiente y carismático, que sabe acordar con inteligencia y que logró crear dinámicas urbanas complejas que incluyeron puntos de vista sociales, técnicos y arquitectónicos. Desde cuestiones básicas como la construcción de veredas para que la gente pueda caminar hasta plazas, paseos … Es que el espacio público genera equidad y eso es importante en países donde las diferencias son tan fuertes. En Medellín –como antes en Barcelona– los políticos y la sociedad han tomado conciencia de que la arquitectura puede transformar la vida cotidiana muy positivamente. «
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Todos los premiados en el concurso para el Centro de Interpretación de Córdoba. Cómo es el que mejor interpretó la idea de crear un ícono de vanguardia.
Ariel Hendler.
ahendler@clarin.com
Que la apertura de los sobres de un concurso de arquitectura se lleva a cabo en la mismísima Casa de Gobierno y con la presencia del mandatario, Juan Schiaretti, da una buena idea de las expectativas que despierta en Córdoba el proyecto para el Centro de Interpretación de la provincia. No sucedía algo así desde que se dio a conocer al ganador del concurso para la nueva sede del gobierno provincial, más de diez años atrás, un proyecto que quedó trunco por la crisis de 2001. Ahora fue el turno del gran hito con que los cordobeses conmemorarán el Bicentenario, aunque hubiesen querido tenerlo para el próximo 25 de mayo. Por otra parte, las bases del concurso fueron particularmente claras al exigir que el nuevo espacio, en su propuesta formal, "deberá incorporar componentes que magnifiquen su presencia y constituyan una referencia urbana acorde a la importancia de la conmemoración de los doscientos años del nacimiento de la Patria". El mensaje era claro, pero el hasta hace poco presidente del Colegio de Arquitectos de la provincia, Daniel Ricci, lo explicita mejor: "La idea es que sea un emblema de Córdoba lanzada al futuro".
Según pedían las bases, el edificio debía cumplir con la función de mostrar todo lo que la provincia tiene en materia de patrimonio natural y cultural –que no es poco– a través de los soportes tecnológicos más avanzados, y. debe emplazarse en el borde del parque Sarmiento, entre el recientemente ampliado museo de arte Caraffa y el de Ciencias Naturales, pero también en el límite entre la zona urbanizada y los grandes espacios verdes que se extienden hasta la Ciudad Universitaria. De este modo, servirá para completar todo el recorrido cultural y recreativo que vincula también al nuevo Paseo del Buen Pastor, la Iglesia de los Capuchinos y el Palacio Ferreira, que en los últimos años vivió grandes transformaciones y operaciones de puesta en valor. "Quisimos crear un paisaje, más que un edificio", aseguran los ganadores, Castañeda-Tissot-Salassa-Nanzer-Saal-Cohen Arazi, un equipo con experiencia en concursos: Moisés Cohen Arazi ya había ganado el concurso para la ampliación de la Facultad de Arquitectura de la UNC, y Cristian Nanzer, el del Centro Cívico de Río Cuarto.
Ellos explican que buscan reconstruir la "memoria topográfica" del típico relieve ondulado cordobés. Concientes, además, de que se trata de una intervención en un punto nodal de la ciudad, los ganadores proponen un conjunto constituido por un nuevo edificio –al que denominan Pabellón–, un Faro de ochenta metros de altura y una Rambla con una red de senderos peatonales que unifica el conjunto. El Pabellón y la Rambla, en especial, funcionan como una nueva topografía que vincula el nivel cero de la avenida Poeta Lugones –límite entre la ciudad y el verde– con el nivel +6 metros de la barranca, mientras que el Faro funciona como un ícono visible de lejos. Sin embargo, el corazón del proyecto es el Pabellón, una construcción a la que se propone insertar en un horadamiento de la barranca del parque, de modo tal que nace en la cota cero de la avenida Poeta Lugones y llega a la cota +6,5 metros en el parque. Este edificio se caracteriza sobre todo por su icónica cubierta ondulante y escalonada, que "flamea como un pañuelo" –según la descripción del arquitecto Federico Weskamp, miembro del jurado–, vuela por encima de la incisiónambas torres tienen visuales hacia un paisaje abierto. A su vez, la apertura que genera la curva minimiza el efecto del enfrentamiento entre ambas.
El intenso tránsito de ambas avenidas, obligó a resolver el ingreso de autos con una calle interna, paralela a la vereda. Los dos edificios se retiran de la línea municipal para resolver el acceso peatonal y los movimientos vehiculares dentro del conjunto, incluyendo el estacionamiento de cortesía. "Con ese retiro se crea una apertura visual y funcional desde la vereda de acceso a escala de los volúmenes de las torres", describe la memoria de la obra.En ambas torres, las carpinterías del hall de acceso de doble altura se retiraron de los bordes para generar espacios semicubiertos que tamizan su relación con el jardín. A su vez, la amplitud del terreno permite que en la planta baja, además de los accesos, se ubiquen locales para uso común como salas de estar y de reunión, guardería, etcétera, y que el conjunto se pueda enriquecer con un gran espacio al aire libre.
El jardín fue tratado con diferentes solados, césped y forestación y se trazó un camino que lo recorre para hilvanar los espacios de los juegos para niños y la zona de parrillas, y que éstos se puedan utilizar en forma independiente y sin interferencias. Las medianeras existentes se trataron con especies trepadoras reforzando la idea de que tanto los accesos como los espacios abiertos y cerrados de usos comunes en la planta baja se desarrollen en medio de un espacio verde.
Imagen de conjuntoEl tratamiento arquitectónico de los volúmenes busca acentuar la curva predominante y se refuerza en la relación con las características del paisaje urbano que los circunda. "Desde las plantas tipo buscamos simplificar el diseño de la fachada de modo que no se vea como un muestrario de aberturas", afirma Santos. Hacia Santa Fe, cada torre presenta un plano recto de hormigón al que se le realizaron perforaciones para enmarcar las aberturas de ventanas y balcones. Allí, una buña perimetral es el único detalle. El tratamiento de los remates, junto con esos llenos y vacíos que perforan el volumen, equilibran la masa de hormigón. En el frente curvo, por contraposición, se remarca por la continuidad vidriada de las aberturas y de las terrazas. Allí predominan las líneas horizontales de las barandas y las cornisas salientes en la losa de cada piso.
Estos dos volúmenes, simples en sus formas, se corporizan con el uso de tres materiales: hormigón, aluminio y vidrio. "Con esa síntesis se resuelve la estética de cada torre en particular y se consigue dar contundencia a la imagen urbana del conjunto", explican los arquitectos.
La altura de las torres acompaña el desnivel del terreno (sobre L. M. Campos tiene tres pisos menos). La diferencia en la altura ayuda a la apertura de las visuales hacia el espacio abierto. A su vez, en el coronamiento se remarca esa situación de apertura con un amplio mirador vidriado. En los dos últimos niveles se ubicaron los servicios y las actividades complementarias: solario, piletas, sala de juegos, business center, salas de reuniones, etcétera.Respecto de las unidades, el programa plantea una planta tipo para cada torre, que se repite en toda su altura. Todas las unidades, de uno, dos o tres dormitorios, tienen balcón o terraza. "En el diseño de los departamentos priorizamos la funcionalidad, la flexibilidad de usos y las buenas dimensiones en los ambientes, sacando el máximo rendimiento de su superficie", asegura Santos. También minimizaron los pasillos internos.Los arquitectos ubicaron las terrazas en las esquinas o caladas en el volumen. Ese recurso les permitió "cerrar la fachada" curva en los extremos y no tener salientes que interrumpieran la continuidad del plano. «
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En el cuarto trimestre se colocaron 33,1% más viviendas que en el período previo
Con 13.868 viviendas colocadas en el año, el mercado inmobiliario de Lima Metropolitana y el Callao generó ventas por S/.3.839,65 millones durante el 2009, cifra que supera en 37,6% la del 2008.
Según la consultora inmobiliaria Tinsa, el año pasado se vendieron 164 viviendas nuevas más que en el 2008, lo que significa que durante el año pasado se produjo una importante revaluación, con lo que la predicción de que habría una caída en los precios de las viviendas tras la crisis financiera no se cumplió.
Además, tras un inicio de año que auguraba una lenta recuperación, las 5.077 viviendas vendidas en el período octubre-diciembre superaron con creces el pico que se alcanzó en el tercer trimestre del 2008, cuando se colocaron 3.868 unidades inmobiliarias. Si se compara el cuarto trimestre del 2009 con el período inmediato anterior, se nota un crecimiento de 33,1% en las ventas; pero si se hace una comparación con el mismo trimestre del año previo, la expansión llega a 140,4%.
Para Humberto Martínez, presidente del Comité de Edificaciones de Capeco, las cifras confirman que el mercado inmobiliario fue el más dinámico. Además, según el INEI, el sector construcción acumuló un crecimiento de 4,79% hasta noviembre pasado y, a decir del Departamento de Estudios Económicos del Scotiabank, se habría expandido 5,2% en los últimos 12 meses. “Infraestructura y vivienda suman 50-50 en el PBI de construcción, pero a diferencia de la primera, el mercado inmobiliario no se paró”, refirió Martínez.
CRECIMIENTO EN MIRAS
El único indicador negativo del último trimestre del 2009 fue el que mide el ingreso de nuevos proyectos al mercado, que se contrajo 4,5%. Sin embargo —explica Tinsa—, esa cifra también es saludable, ya que asegura que la oferta de vivienda seguirá creciendo, pero sin dispararse respecto de la demanda.
Es importante señalar que si bien la demanda de viviendas se ha mantenido dinámica, el ratio acumulado entre demanda real y oferta dio un giro de 180º en los últimos 12 meses, pues pasó de 2,40 a 0,69. Es decir que en diciembre del 2008 se vendían muchas más viviendas de las que ingresaban al mercado. En el último trimestre del 2009, el mencionado ratio fue de 0,94; lo que significa que por cada 10 viviendas que se pusieron en venta, se colocaron 9,4.
Al respecto, Martínez comenta que la demanda insatisfecha es tan grande que elimina cualquier posibilidad de que se genere una burbuja en el mercado. Es más, considera que la oferta seguirá expandiéndose, ya que los proyectos de viviendas Techo Propio, destinados al segmento D, deben madurar durante el 2010.
PARA TENER EN CUENTA
La venta de viviendas en Lima Metropolitana y el Callao durante el 2009 se concentró en el segmento B, con 30%.
El precio promedio de una vivienda fue de S/.239.424; esto significa que la oferta está dirigida principalmente al segmento AB.
Los tres distritos con mayor velocidad de ventas fueron Santiago de Surco, Miraflores y San Miguel (en ese orden).
El 78,3% de las viviendas ofertadas durante el cuarto trimestre del 2009 tenía tres dormitorios.
LA CIFRA
170 nuevos proyectos inmobiliarios ingresaron para la venta en el cuarto trimestre del 2009. Cada uno con un promedio de 33 viviendas.
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| En Cádiz, España, Rafael de La-Hoz acaba de inaugurar dos torres cilíndricas cubiertas por una gran celosía calada en la que se lee la frase romana “Non Plus Ultra”. Los usos de una metáfora mitológica.
Se nos ha pedido una torre y hemos decidido hacer dos”. Con estas palabras, el arquitecto español Rafael de La-Hoz explica la estrategia proyectual y la idea principal de oa que es hoy el proyecto más alto de Andalucía. Este edificio de oficinas y usos comerciales se alza frente a la bahía de Algeciras, con vistas al estrecho de Gibraltar, un lugar en el que se unen dos mares y se separan dos continentes. Es también una evocación mítica, una propuesta simbólica y una apuesta ambiental.
Con su forma cilíndrica, las torres recuerdan las Columnas de Hércules, construcción mitológica que se repite desde tiempo inmemorial en toda la iconografía andaluza. Además, estos cilindros están protegidos por una celosía de hormigón que evoca a la arquitectura morisca y hace las veces de protección solar del cuerpo central acristalado. Por último, De La-Hoz aprovechó el calado de ese tamiz exterior para inscribir la frase romana que establecía, en ese punto, el fin del mundo conocido: “Non Plus Ultra”. Bueno, no por casualidad, el edificio lleva el nombre de Torres de Hércules.
Sin embargo, la referencia histórica surgió en etapas posteriores del proyecto. La primera pulsión creativa tuvo un sentido estético: conseguir mayor altura, por lo menos, visualmente.
Con una altura limite de cien metros y una superficie por planta de mil metros cuadrados, los proyectistas se encontraron con el problema de que la esbeltez del edificio sería escasa. Decidido a lograr una proporción bien vertical, el equipo articuló la planta en dos lóbulos unidos por el núcleo de circulación vertical y un puente. Pero, a medida que el proyecto avanzaba, las decisiones fueron más allá de lo formal. “Finalmente, las plantas de las torres han resultado ser circulares –explica De La-Hoz como si se tratara de una fatalidad ajena a su voluntad o de un mandato divino–. Esto solo puede entenderse como consecuencia de la razón intuitiva, que en arquitectura también tiene sus motivos”.
Está claro que el peso mitológico de ese rincón del mundo empujó a que los arquitectos bucearan en el significado del lugar. Así, las torres terminaron siendo dos columnas, un reflejo de las que alumbraron el mito heleno primero y romano después.
Cuenta la leyenda que Hércules (Heracles, entre los griegos) decidió abrirse paso cuando regresaba a casa después de alguna de sus hazañas; para eso se apoyó en las rocas de Gibraltar y Musa (las Columnas). Así, el forzudo héroe separó Europa de Africa, conectó el Océano Atlántico con el mar Mediterráneo y creó el famoso estrecho. Desde entonces, ese lugar indicaba el Fin del Mundo.
Pero la complejidad del simbolismo de las torres es mayor. Para el arquitecto español, su obra también remite al paisaje industrial, plagado de chimeneas, que hoy caracteriza a la zona. “Son dos torres, dos columnas, dos chimeneas. Una arquitectura de encuentro entre dos significados”, asegura De La-Hoz.
Como detalle distintivo, un exoesqueleto construido con encofrados deslizantes protege a las torres del sol y las inclemencias del clima marítimo. A modo de celosía gigante, sus columnas y vigas se entrelazan con letras dispuestas según un código caligráfico que repite la frase “Non Plus Ultra” en todo su perímetro. “Las torres, meticulosamente caligrafiadas, hablan literalmente del mito y de los invariantes propios de la arquitectura local y sus arquetipos: la luz, el blanco y la sombra”, explica su autor.
Te quiero alta y verde
El conjunto, de 20 pisos y 126 metros de altura, emerge de un lago artificial situado en su base. El recurso busca espejar la imagen de las torres y dotarlas de mayor altura visual.
También la entrada principal al terreno fue ubicada con criterios ópticos. Es un acceso para peatones y vehículos que permite una visión despejada de las torres.
A su vez, la entrada al edificio propiamente dicho está destacada por un largo muro calado que oficia de lateral y baranda del puente que permite sortear el espejo de agua de la base.
Dado que se trataba de un terreno bajo, los proyectistas evitaron enterrar los estacionamientos. En su lugar dispusieron un espacio para 200 autos detrás de las torres y lo organizaron con un entorno arbolado.
Cada torre tiene una planta circular de 25 metros de diámetro con un núcleo vertical excéntrico que funciona como núcleo rígido y aloja las instalaciones y los ascensores. Un prisma cristalino envuelve los puentes que unen las dos partes del núcleo.
En la última planta del conjunto, el equipo de De La-Hoz echó mano a otro recurso proyectual para acentuar la esbeltez del edificio: prolongó la celosía de hormigón más allá de la terraza. En ese último nivel, encima de un restaurante mirador, los proyectistas dispusieron una terraza con vistas panorámicas, protegida del viento por la extensión vertical de la envolvente. Así, a través de los huecos de la celosía de hormigón, los visitantes pueden disfrutar de vistas únicas sobre la Bahía de Algeciras, el Estrecho, el Peñón de Gibraltar, el Monte Musa y el Parque Natural de los Alcornocales.
Todos los elementos que componen la celosía tiene un espesor constante de 40 centímetros, lo mismo que las losas sin vigas de cada piso. Para darle unidad al conjunto, prácticamente toda la estructura se ejecutó en hormigón blanco visto. Los constructores fueron instruidos para eligir cuidadosamente los áridos y el cemento blanco de la composición con el objetivo de conseguir un color “arena”, considerado fundamental por el estudio.
El diseño del edificio, y en especial su singular fachada, permitieron reducir considerablemente el consumo energético. Por un lado, la masa de la celosía de hormigón, del núcleo y de las losas, le confieren una gran inercia térmica al edificio. Por otro, esta celosía protege del exceso de asoleamiento sobre el cerramiento de vidrio que permanece oculto en el interior. Allí, las carpinterías de piso a techo permiten una iluminación natural extraordinaria ya que cada planta cuenta con ventanas a todas las orientaciones. Además, las ventanas se pueden abrir, lo que permite ventilar naturalmente el ambiente.
Por otro lado, como se dijo, el hecho de que gran parte de los paramentos verticales sean de hormigón visto produjo un ahorro considerable en materiales de terminación.
Las condiciones ambientales del entorno pueden considerarse muy agresivas (proximidad al mar, entorno muy industrial, fuertes vientos que transportan arena) por lo que en el exterior se usaron materiales inalterables que reducen al máximo el mantenimiento y reposición de ellos durante la vida del edificio.
También se siguieron criterios sustentables en el diseño de los exteriores. Se intentó reducir el impacto del estacionamiento en superficie evitando el uso de asfalto. Las zonas circulación vehicular y estacionamiento se adoquinaron y se combinaron con adoquines de hormigón que permiten el crecimiento del pasto para no interrumpir la “respiración del terreno”. La laguna artificial que rodea las torres también tiene la intención de mejorar las condiciones ambientales y paisajísticas: el agua es tratada y reciclada constantemente.
Metáforas verdaderas
Hace tiempo que el estudio de De La-Hoz muestra una acentuada preocupación por el tema ambiental, pero se distingue de otros estudios por el tratamiento arquitectónico que logra de los recursos que usa para alcanzar dicha sustentabilidad. Por ejemplo, en la nueva sede de Telefónica en las Tablas –Distrito C–, De La-Hoz utilizó un cristal de aspecto blanquecino que unifica todo el conjunto. Esa envolvente es una doble piel de vidrios serigrafiados que disminuyen la radiación solar en el interior sin quitar la visión del exterior. Además, un gran techo, tapizado de captadores solares, cubre todo el conjunto.
La metáfora, otro de los temas que se ven claramente en Torres de Hércules, también es un recurso creativo recurrente en el estudio madrileño. El edificio de las Cámaras de Comercio de Madrid, por caso, utiliza la alegoría de una cámara fotográfica. Se trata de un gran prisma puro con sólo tres aberturas por las que se pueden ver grandes volúmenes interiores realizados en distintos materiales. Para explicar la idea que le da vida a su proyecto, De La-Hoz vincula la palabra “cámara”, de la institución, con la que designa a un sitio de reunión y el aparato fotográfico.
Compara el vocablo español con sus equivalentes alemán e inglés y llega a asociaciones asombrosas que son el disparador conceptual de su creación.
En Torres de Hércules, la asociación metafórica es más lineal, pero, a los ojos del público, las referencias históricas resultan invisibles o, cuanto mucho, suficientemente complejas como para dejar lugar a la fascinación sensorial. Es que, ducho en el manejo de disparadores creativos, De La-Hoz sabe eludir las trampas de la metáfora y reconoce que en un edificio vale su belleza.
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Los inmuebles de San Miguel, Los Olivos y Jesús María son los más pedidos. Los precios en este último distrito están alcanzando a los de Miraflores
Los costos de las viviendas en Lima se han incrementado hasta en 15%. “Los proyectos se están vendiendo bastante bien, se venden rápido. Los precios no cayeron en el 2009, más bien ¬–desde octubre-comenzaron a subir nuevamente”, comentó el presidente del comité general de obras de edificación de la Cámara Peruana de la Construcción (Capeco), Humberto Martínez, al diario Gestión.
Según explicó, esto se explica por dos razones. En primer lugar, la caída del dólar: los costos de las obras son en moneda nacional. La segunda razón es la diferencia abismal entre la oferta y la demanda en el sector inmobiliario.
“Solo la demanda efectiva en Lima (dispuesta a comprar) supera las 70 mil familias, pero la oferta no llega a 20.000 inmuebles, y eso presiona el precio al alza”, puntualizó Martínez.
Los distritos con mayor demanda son San Miguel, Los Olivos y Jesús María. En este último, los precios de las viviendas están alcanzando a los de Miraflores. Otros distritos en donde los costos se están incrementando son el mismo Miraflores y Surco, aunque en estos últimos casos la oferta es mayor.
Según Víctor Saldaña, gerente general de la inmobiliaria Alfredo Graf, “la construcción se va a constituir en uno de los sectores más dinámicos de la economía este año”.
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Cuáles son las principales tendencias que influyen en los proyectos locales. Análisis de las 15 casas que componen el nuevo coleccionable de Diario de Arquitectura. Cómo manejar los costos y la tecnología.
Cubos, cajas, cajones, cajoncitos, prismas de todas las proporciones parecen envolver lo que hoy se llama “casa”. En este fin de década, lo último de la producción arquitectónica argentina muestra que, cuando de viviendas unifamiliares se trata, el lenguaje moderno parece ser dominante y la expresión prismática, hegemónica. Esta característica habla del momento cultural que está atravesando la profesión en el que el lenguaje ha adquirido un papel preponderante. Eso se nota en las casas, ya que, desde que la arquitectura obtuvo la denominación de moderna, la vivienda unifamiliar es el tema predilecto de los arquitectos. No por casualidad fue esta la tipología que sirvió de vehículo para los primeros manifiestos del Movimiento Moderno. Basta con ver los proyectos de Le Corbusier, Adolf Loos o del holandés Guerrit Rietveld, obras que revolucionaron la estética y el concepto de las casas para expandirse a toda la profesión.
Así, objeto de deseo para la clase media y oportunidad expresiva para los arquitectos, las casas siguen dando indicios del camino que transita la arquitectura en cada lugar y en cada tiempo.
Para abordar este tema, Diario de Arquitectura seleccionó 15 proyectos construidos por sus lectores. Este conjunto forma la actual edición de Casas del Año, un coleccionable que busca analizar el panorama profesional a través de los temas de diseño más habituales, sus costos de construcción y tecnologías disponibles.
Cubos mágicos
La casa Pontoporia, proyecto de Clorindo Testa y Ezequiel Rivarola (construida en Mar del Sud, provincia de Buenos Aires) es el ejemplo que mayor uso expresivo hace de la composición prismática simple. Como ya lo hizo Testa en otros proyectos, la casa está contenida en un cubo virtual, en el que los detalles, agregados y anomalías no hacen más que afirmar la simplicidad y contundencia de su volumetría básica.
El aislamiento formal de la vivienda, emplazada sobre el acantilado, potencia su carácter de refugio en medio de un clima considerado como severo por sus autores. El proyecto privilegia la interioridad con una relación con el exterior más contenida en planta baja, donde están los dormitorios, y más libre en la planta alta, que contiene el área social. Un recurso varias veces utilizado por Testa para ganar vistas panorámicas desde los ambientes de estar.
Con objetivos diferentes pero igual singularidad en la utilización del lenguaje, Cher, la casa diseñada por Besonías-Almeida-Kruk en Mar Azul, recurre a una infinidad de gestos para desmaterializar el prisma que la envuelve. Como es habitual en las creaciones de este estudio, el hormigón se convierte en el material excluyente y resuelve todas las instancias de cerramiento. Aquí, el prisma inicial se descompone de tal manera que, por momentos, sus caras se muestran como una lámina envolvente y, en otros, como placas perforadas.
La composición prismática adquiere más dramatismo en ejemplos como la Casa Orquídea de Andrés Remy, donde la articulación se convierte en el leti motiv de la composición. Este proyecto encontró su disparador creativo en la pasión de los comitentes por cultivar plantas exóticas. El partido toma la metáfora de una planta para establecer una organización de tres niveles: raíces, tallo y pétalos-bulbo.
Como la casa de Testa, Orquídea tiene el área social en el primer piso y los dormitorios en planta baja. Para mejorar su performance bioclimática, los proyectistas estudiaron la incidencia del sol y establecieron distintos desplomes en las paredes y un adecuado retraimiento de las carpinterías según cada orientación. Todo esto dota al proyecto de una singular conformación.
En soluciones más clásicas, la utilización de prismas se ajusta a la distribución funcional. En la enorme Vivienda Awa o Casa A, de Alexa Sanguinetti, cuatro volúmenes resuelven el programa, independizando las áreas de servicio de las seis suites. En un planteo diferente al de Testa, esta casa recurre a la creación de un patio interior como respuesta al las características del entorno marítimo.
Por su parte, aún estando ubicados en distintos puntos del país, ejemplos como la casas Miles (Hugo Epstein), Sabbadini (Estudio Esparis Volante), La Viña (Carlos Romero - Gabriela Figueroa) o Casa S (Sanguinetti) recurren a un planteo tradicional al generar un frente cerrado y privilegiar las vistas al interior del lote. En muchos de esos casos, el esfuerzo por mantener una composición prismática, por reconstruir la caja, se nota en la manera en que galerías, aleros y terrazas refuerzan la imagen de un volumen puro extendiendo las líneas principales de los cuerpos cerrados.
Los casos de La viña y Casa S, junto al proyecto de Paula Mariñasky y Camilo Policastro para su Casa en Coghlan son interesantes porque los proyectistas logran jugar con los mismos patrones formales de su colegas, pero en terrenos entre medianeras. Llama la atención la forma en que la voluntad de estos arquitectos encuentra la oportunidad de mostrar su capacidad para alcanzar “el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz” que tanto pregonara Le Corbusier.
Otro caso similar es la Casa La Horqueta del estudio Arquitectonika. Allí, el código exigía el apareamiento con la casa vecina. El desafío de la implantación fue jerarquizar la esquina con el acceso principal y generar tres fachadas en un terreno con dos casas linderas y retiro lateral.
Singularidades
En la casa Aire (Guardati-Renzi), la simplificación expresiva pretende alcanzar cualidades espaciales antes que formales. Por esa razón, la materialidad es inexpresiva y todo aparece pintado de blanco. Aquí, como en Pontoporia (Testa - Rivarola) la voluntad de conformar un esquema prismático es clara. Las aberturas operan como estabilizadoras de los planos y evitan comprometer a las aristas para que articulen la forma.
Alegría, una casa construida en José Ignacio (Uruguay), proyecto de Soledad Volpe Nores y Pedro Sardin, transita caminos parecidos en cuanto al ordenamiento formal. Pero la textura que le confiere a la envolvente el ladrillo blanqueado de las paredes, aparta un poco a la obra de la especulación compositiva pura.
La expresión material aparece fuerte en otros ejemplos en los que la cuestión espacial es la que adquiere mayor síntesis. La casa Los Robles, por caso, del estudio FILM (Carlos Fernández, Jorge Isaías, Gabriel Lanosa y Claudio Maslat) es una obra mínima, concebida como un único espacio flexible, casi un “tubo” que vincula la plaza, enfrentada al lote, y la expansión del fondo. La envolvente es un complejo muro con tabiques de ladrillo de panderete por un lado y un tamiz del mismo material, que no toca el suelo, por el otro. Este volumen principal se adosa al edificio lindero, ocultándolo, mediante un segundo cuerpo que contiene los servicios. Este juego volumétrico asegura la independencia formal y funcional del espacio principal.
Siete Fotogramas es el sugestivo nombre de una casa diseñada por PAAAR, un estudio formado por los marplatenses Marcos Calvari, Leonardo Jáuregui y Leandro Zapata que ganó el año pasado el Concurso Clarín de Vivienda Social y recibió el premio Ventanas al Futuro que entrega el Cayc y la firma Parex-Klaukol.
La casa de PAAAR elude cualquier pretención estética complaciente y apuesta a la fuerza de los materiales, de los colores y de la espacialidad. En un intento de lograr una cierta “honestidad proyectual”, los autores reniegan de cualquier intento complaciente por agradar. Sin embargo, su creación encuentra la misma sintonía compositiva (con matices) que podemos reconocer en el trabajo de sus colegas. Hoy, se trata de una arquitectura abstracta, racional y práctica que se puede envolver sin problemas en uno o en varios prismas.
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Es por el aumento de los ingresos de los porteros. Pero el impacto dependerá de las características y los servicios de cada edificio.
Quienes viven en edificios sufrirán nuevos aumentos de expensas, ya que entran en vigencia subas salariales acordadas en mayo por los encargados en paritarias. Es imposible establecer un promedio para los incrementos en cada edificio, ya que la situación de cada encargado es distinta según su categoría y los plus que cobre, ya sea por antigüedad o las tareas extra, como mover los vehículos en la cochera. Lo que sí es igual en todos los casos es la suma no remunerativa de $ 480 que los encargados cobrarán en dos cuotas de $ 240, en enero y febrero.
El impacto tiene que ver también con la cantidad de departamentos que hay en el edificio. Cuantos menos sean, mayor es la incidencia del salario del encargado sobre el presupuesto del consorcio y más fuerte será la suba en las expensas. Pero en general, el alza no bajaría de un 10% (ver A menos…).
A partir del mes actual, los encargados recibirán un aumento en su básico, que variará según la categoría pero no superará el 4%. Este incremento busca que no se achate la escala salarial, ya que los trabajadores recibieron este año un aumento de $ 380 para todas las categorías, escalonado entre mayo y setiembre. Las categorías tienen que ver con la cantidad de servicios centrales del edificio.
Lo que sí será más fuerte serán los incrementos en los plus: por retiro de residuos, por ejemplo, pasarán a cobrar $ 3,80 por cada vivienda u oficina, cuando hasta ahora cobraban $ 3 (26% de aumento); por movimiento de coches, en garages de hasta 20 unidades, $ 77, contra $ 61 que es el valor actual (también 26%).
“Son pautas fijadas en la paritaria y que el Ministerio de Trabajo homologó. El salario de los encargados aún está desfasado con respecto al costo de vida”, dijo a este diario Víctor Santa María, secretario general del Sindicato de Encargados (SUTERH) y referente del peronismo porteño.
El gremio negocia en paritarias con tres asociaciones de administradores de consorcios, que son las que tienen personería. El Ministerio de Trabajo homologó el último acuerdo con acuerdo de dos de ellas, la UADI y la AIERH, y el rechazo de la Cámara Argentina de la Propiedad Horizontal. Esta mecánica recibió cuestionamientos, porque en realidad no son los administradores quienes pagan el salario del encargado, sino los consorcistas (ver Los consorcistas…).
Samuel Knopoff, presidente de la Federación Argentina de Consorcistas, se quejó: “La de encargados es la única paritaria donde no está representada la patronal. Intervienen los presidentes de tres cámaras, que no consultan a los administradores y éstos, a su vez, menos consultan a los consorcistas. Las cámaras conceden todo lo que les pide el SUTERH, porque son socios, y el ministerio mira para otro lado. Mientras, las expensas se siguen encareciendo”.
Actualmente, los encargados con vivienda de la cuarta categoría (que corresponde a un edificio sin servicios centrales) cobra de sueldo básico $ 1.777 y no recibirá aumento. Los de primera categoría (que atienden tres o más servicios centrales) están recibiendo $ 2.056, pero pasarán a cobrar $ 2.132 en el salario de diciembre, que se pagará en enero. Al básico y a los plus se agregará en el verano la suma fija de $ 480 que, según aclaró Trabajo, “será considerada como una gratificación extraordinaria y no será tomada en cuenta para futuras negociaciones”..
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Ministerio de trabajo amonestó a dueños de edificios en Surco y Miraflores.
Sentado en un endeble tabladillo, a más de 10 m del suelo, sostenido por nada más que su equilibrio. Así encontraron los inspectores del Ministerio de Trabajo a un pintor en la cuadra 13 de la Av. Encalada, en Surco, arriesgando su vida por no usar el arnés de seguridad que tenía al lado. “Solo fue por un ratito. No creo que sea tan piña”, fue lo único que atinó a decir el hombre, antes de que el personal del ministerio procediera a amonestar al contratista y a los representantes de la junta de propietarios del edificio. Rápido se borró el recuerdo de los pintores que, hace unos días, cayeron del piso 16 de otro edificio tras incurrir en esta misma imprudencia.
Los inspectores encontraron problemas similares en 11 edificios de Surco y Miraflores durante el recorrido realizado ayer, y se vieron obligados a paralizar dos de las obras porque los trabajadores no contaban con equipos de seguridad para subsanar las deficiencias. Según la ley, si reinciden, el contratista o la junta pueden recibir multas que van desde S/.3.550 a S/.106.500.
Carlos Cavagnaro, director regional de Trabajo de Lima y Callao, recordó que tanto las empresas constructoras como la junta de propietarios de los edificios deben velar por que los obreros que realizan trabajos en alturas, ya sea para pintar, tarrajear paredes o limpiar ventanas, usen implementos de seguridad y tengan una póliza de seguro.
Según explicó, el equipo mínimo indispensable para trabajar en altura es un andamio de metal, no de madera, de 60 metros; además de un arnés y una cuerda especial llamada línea de vida. Esta debe estar sujeta al techo, no al andamio, pues si este cae, el obrero se salvaría al quedar suspendido.
“Lo mejor es contratar una empresa formal que acredite contar con la documentación y equipos necesarios, pero si no es el caso, se debe observar que el trabajador independiente tenga estas herramientas. Si ocurriese un accidente, los familiares de la víctima podrían demandar una indemnización a la constructora o a la junta”, sostuvo.
En efecto, el abogado César Lengua Apolaya ha señalado que la obligación de asumir los costos de salud o sepelio solo se dan cuando existe un vínculo laboral sólido y no en caso de trabajadores informales, pero eso no impide que la familia de la víctima enjuicie al propietario.
Según Essalud, el 2008 se registraron 26.000 accidentes laborales, mientras que en el mismo período 27 obreros de construcción y limpieza murieron mientras realizaban su labor.
Desde hoy el sector Trabajo reforzará estas inspecciones.
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Titular del estudio chileno que fundó su padre, Pedro Gubbins detalla la características de su trabajo, sus obsesiones y su manera de enfrentar la realidad.
Invitado a participar de la XII Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, el chileno Pedro Gubbins estuvo en Buenos Aires. Su presencia fue oportuna para hablar del alto nivel que muestra la arquitectura chilena de los últimos años. Como heredero de una tradición familiar ligada a la arquitectura, Gubbins tiene una visión extrageneracional que resulta más abarcativa.
Minutos después de su conferencia en el Centro Cultural Recoleta, Gubbins recibió a ARQ para hablar de sus comienzos, su forma de trabajar y las obras que mejor lo representan.
—¿Cómo descubriste tu vocación?
—La verdad es que me surgió naturalmente. Mi padre es arquitecto, lo vi trabajando de eso toda la vida, así que nunca tuve que hacer una elección. Se dio sola.
—Siendo así, tu papá debe haber influido mucho en tu forma de proyectar
—Bueno, es el culpable de que haya estudiado arquitectura, además, estamos trabajando juntos ahora hace diez años ¿En qué me influenció? En cortarme los dedos con los cuchillos de tanto hacer maquetas…(risas).
Es muy trabajador, apasionado, un tipo que todo el día está midiendo cosas, tratando de meterse con los temas nuevos de la arquitectura. Es por eso que nuestra oficina abarca de todo, hacemos ampliaciones, metros (subtes), canales de televisión y hasta planes maestros, desarrollos urbanos y bordes costeros. Este perfil heterogéneo hace que el estudio sea como una escuela.
No somos especialistas en nada y en todo. Lo que no sabemos, lo aprendemos. Yo diría que el legado que me transmitió mi padre es ese: no transformar la arquitectura en una industria, resolverla para quienes debe servir con una visión lo más amplia posible.
—Viniendo de una familia de arquitectos, muchas veces la relación con la facultad resulta problemática ¿Cómo fue tu caso?
—Bueno.
Me metí en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile porque, en los años 80, tenía algo que ha ido perdiendo: heterogeneidad en la gente, en su clase social, en su lugar de origen. Me recibí en el 85, después fui ayudante. Me gustaba dar clase, actualmente soy profesor en la Universidad de Chile (hace como diez años) y además doy clase en una privada, la Universidad de San Sebastián.
Dar clases te mantiene vivo. En ese sentido, junto con la mayor producción arquitectónica que hemos tenido en Chile en los últimos diez años, las oficinas se han transformado en lugares de mayor experimentación-que las universidades. Se ha producido un fenómeno curioso.
—¿En qué punto aparece la experimentación en los estudios?
—La manera de trabajar que tenemos va por ahí: usamos el método tradicional de la maqueta, el croquis para empezar las ideas, las exponemos en el taller para discutirlas, y después, se desarrollan lo más acabadamente posible. De esa manera, nuestra arquitectura no tiene una línea estética definida, tal vez tiene una atmósfera definida.
Esto se logra a través del desarrollo del detalle o de la elección del material según los lugares y en función de su expresión.
—¿Cómo son los resultados concretos de esa experimentación?
—Bueno, puedo citar la “Casa ómnibus “, es una casa que hicimos en 2002, en la 5ta Región de Chile, en una zona más central, en la costa.
Era una zona de bosques de eucaliptos, con una pendiente suave. La casa es muy simple por fuera, consiste en un paralelepípedo de 23 metros de largo por 3,5, de altura y 7 u 8 de profundidad. Es una casa de veraneo relativamente chica, 180 metros cuadrados. Aquí los dormitorios se transforman en zonas de estar durante el día, se abren puertas y se establece una circulación alternativa por afuera.
Hay una cosa lúdica. Es una casa de hormigón de tablero muy barato en la zona y que va generando un color parecido al de los árboles. Un color entre café y gris que hace que este volumen, totalmente horizontal, se destaque frente a las verticales de los troncos, pero se integre a la vez por el color.
Es una casa posada sobre un muro de piedra también del lugar. El aporte del proyecto no es tanto su expresión exterior, sino su corte muy elaborado en el que la loza se va plegando en función de por dónde va pasando.
—¿Qué pasa cuando llevan esa experimentación a escalas mayores que la de una casa?
—Hay una obra que terminamos hace más o menos 2 años que fue motivo de un concurso y también sirvió para experimentar. Es el Centro Cultural y Deportivo de Peñalolén, Chimcowe. Está ubicado en una periferia de Santiago, un entorno de nivel socioeconómico medio bajo, donde el alcalde electo le preguntó a la gente qué quería hacer (cosa que en Chile no se le pregunta a nadie) y la gente dijo que quería: un gimnasio grande, que se pudiera usar para eventos y conciertos, con salas de ensayo para teatro, música y danza, con un pequeño cine, una sala de exposiciones y otra para hacer gimnasia y trotar.
Es un programa complejo (muy común en Europa) y relativamente grande para esa comuna.
El tema que planteaba el concurso era ubicar el proyecto en lo que va a ser el barrio cívico, junto a un edifico neocolonial, de dos pisos con tejas, bastante feo que ocupa la municipalidad. El problema era cómo poníamos un edificio que tenía 7 pisos de alto al lado de eso que, por muy feo que fuera, era lo que había. Entonces, aprovechamos la pendiente del terreno, hundimos el edificio un poco, con eso generamos las graderías del estadio y, entre la pared del viejo edificio y el techo, generamos una línea de corte que le da forma a un gran basamento y a un volumen retrancado superior. Toda la parte de abajo es bastante monolítica, sólida, con mucha piedra de la precordillera de Santiago; lo que contrasta con el volumen superior que es de cristal, muy liviano. En ese nivel, además, hay como una pasarela de trote que permite ver la cordillera y todo el paisaje.
Es un proyecto interesante, y lo más bonito que tiene es cómo la gente lo usa y no paran de usarlo. Tiene sentido hacer arquitectura así.
—¿Cómo ves a la arquitectura chilena de hoy en relación a lo que se hace en el mundo?
—Hay una diferencia que se sigue marcando entre la arquitectura del Primer Mundo y la del tercero. Yo vengo de los Estados Unidos y te puedo asegurar que los estadounidenses no tienen muy buena arquitectura. Al fin y al cabo, los europeos han ido a hacer arquitectura a los Estados Unidos. Y claro, uno descubre un desarrollo tecnológico muy interesante, pero no creo que tenga sentido perderse en ese tema, sobre todo en los ámbitos en los que nos toca trabajar aquí. En general, en nuestra oficina no hemos tenido clientes millonarios como para hacer edificios gigantes. Hemos tenido clientes súper normales, el Estado (que siempre tiene problemas de plata) y municipios.
El tema tecnológico hay que mirarlo en relación a los lugares. En ese sentido, los europeos están mucho más cerca de una suerte de sensibilidad para encontrar dignidad en ciertos materiales y generar atmósferas. Definitivamente, a mi me encanta la arquitectura regional. En la visión de la arquitectura también hay una diferencia entre países ricos y pobres, la diferencia de ver a la arquitectura como la producción de un objeto o como la resolución de un problema.
—¿Cómo ves el ejercicio de la profesión hoy?
—Muchas escuelas insisten en formar a los arquitectos como “diseñadores” solamente, con la hipotética posibilidad de destacarse (algo que es imposible que le suceda a todos). Es un error porque limita la diversidad que puede ofrecer la arquitectura, no solamente en el proyecto, sino también a nivel de gestión, políticas públicas o temas de transporte. Si en el ejercicio de la profesión no indagas en un ámbito más amplio que el del diseño, te quedas aislado frente a las fuerzas económicas, administrativas y del mandante.
Creo que eso hace daño, no porque el arquitecto pierda poder, sino porque se limita nuestra capacidad de respuesta. Paralelamente, muchas oficinas empiezan a especializarse. Tal vez esto no tenga nada malo, pero conjugado a lo anterior, resulta una limitación más. Entonces, las soluciones se repiten y los proyectos tienen menos atención porque hay que hacerlos más rápido.
—Sí, pero eso también tiene que ver con la degradación de los honorarios profesionales.
SEmDPor supuesto. El fenómeno de la liberalización de los mercados también llegó a la remuneración de los arquitectos. Eso te lleva al tema de la competencia y la cantidad de arquitectos que se reciben por año. Y si les ofrecen algo por dos pesos, dirán que sí; no tiene mucha alternativa. Ahora, esa es la realidad, y te puedes deprimir o buscarle un beneficio.
Hay casos en que uno hace el proyecto porque le parece importante. Por ejemplo, ese proyecto cultural en la periferia de Santiago tuvo honorarios bajísimos. Pero alcalde era amigo mío y me pidió ayuda, y participé en el concurso, y lo gané. Y no gané un peso, pero es una maravilla ver cómo es usado ese lugar. No porque lo haya diseñado yo, sino que es para lo que tiene que servir. Nada, el tema de la plata es un problema siempre. En todos lados.
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